Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Es una pintura de carácter religioso hecha en óleo sobre tela en la que el autor representa un Cristo con una cruz en la mano, con una mirada profunda y melancólica. Utiliza colores intensos. Ideal para reproducir en cuadro, fotomural o vinilo adhesivo.
420101000363
Cristo llevando la Cruz
La Escuela Flamenca
Óleo Sobre Otros
Ancho: 68 cm. Alto: 87 cm.
Anton van Dyck, nacido Anthonio en la vibrante Amberes de finales del siglo XVI, irrumpió en la escena artística flamenca con una precocidad asombrosa. Su formación bajo la tutela de Hendrick van Balen y, crucialmente, en el taller del mismísimo Rubens, le proporcionó una base técnica inigualable. Sin embargo, Van Dyck no se conformó con ser un mero seguidor; supo destilar la grandilocuencia barroca de su maestro en una elegancia más íntima y sofisticada. Fue en el retrato donde su genio encontró su verdadera expresión. Anton van Dyck elevó el retrato a una categoría superior, dotando a sus modelos de una dignidad y una fluidez que trascendían la mera representación física. Sus figuras, a menudo aristócratas y miembros de la realeza, no posan rígidamente, sino que parecen capturadas en un instante de gracia natural, con miradas penetrantes y gestos elocuentes. Obras como el "Retrato de Carlos I a caballo" o "Carlos I en tres posiciones" son testamento de su maestría. En ellas, el monarca inglés no solo se presenta con autoridad, sino con una humanidad palpable, envuelto en la suntuosidad de telas y un ambiente que respira poder y distinción. Anton van Dyck se inscribe de lleno en el Barroco flamenco, pero su estilo personal, más refinado y con un toque melancólico, lo distingue de la exuberancia de otros contemporáneos. Curiosamente, a pesar de la inmensa fortuna que amasó como pintor de corte, Anton van Dyck era conocido por su estilo de vida extravagante. Se dice que mantenía una casa con un gran número de sirvientes y una mesa siempre dispuesta para invitados, reflejando el lujo que plasmaba en sus lienzos. Su legado es inmenso; su influencia en la pintura de retratos se extiende por siglos, desde Gainsborough hasta Sargent, quienes bebieron de su capacidad para infundir vida y alma en cada rostro.
Primitivos flamencos es la denominación historiográfica para los maestros de la escuela flamenca de pintura en sus siglos iniciales. Dentro de la pintura flamenca existen varias escuelas: la italianista y la reaccionaria durante los siglos XV al XVI, y la naturalista o colorista de la Escuela de Amberes del siglo XVII. Las dos primeras hacen referencia a la pintura de los Países Bajos que surgió dentro del Renacimiento Europeo. Estaban formadas por un conjunto de artistas relativamente aislados de la revolución del Renacimiento y algunos, como la escuela reaccionaria, contrarios a influencias italianizantes. Aún conservaban rasgos del estilo gótico, técnicos, como el uso de la tabla en lugar del lienzo, y temáticos, sobre todo religiosos y espirituales. Sin embargo, su habilidad detallista e intereses les impulsaron a investigar y a descubrir de forma empírica la perspectiva, a perfeccionar la técnica del retrato al que dotaron de gran profundidad psicológica y a reivindicar el paisaje como tema pictórico. Su concepción medieval del artista como artesano evitó que muchos de estos pintores fueran conocidos puesto que bastantes no firmaban sus obras hasta bien avanzado el sigloXVI. Tampoco se entregaron demasiado a la reflexión sobre su arte por lo que son escasas las biografías y los tratados sobre sus técnicas, aunque alguno nos ha llegado. De la pintura flamenca se pueden observar obras maravillosas en España, ya que sus reyes fueron admiradores de su pintura. Destacan por su importancia los depósitos del Museo del Prado, como por ejemplo el retablo del Descendimiento de Van der Weyden.